Nada más bajar, el olor a azufre te golpea directamente en la cara; se hace notar mucho.
El humo blanco no deja de salir y realmente parece que se abrieran las puertas del infierno.
Nada más bajar, el olor a azufre te golpea directamente en la cara; se hace notar mucho.
El humo blanco no deja de salir y realmente parece que se abrieran las puertas del infierno.


